por Ing. Agrs. Sergio Montico (MP 82-2-0636), José Berardi (MP 82-2-1622) y Néstor Di Leo (MP 82-2-0800), Cátedra Manejo de Tierras – Facultad de Ciencias Agrarias UNR.
La excepcional campaña de los cultivos de invierno 2025 en gran parte de la región pampeana argentina, sostenida a base de precipitaciones de altos montos, poco comunes y con una frecuencia inusual, generó una gran expectativa, principalmente, en los cultivos de soja y maíz. Los altos rendimientos de trigo en noviembre-diciembre, el agua almacenada en los suelos destinados a los cultivos de verano, y la “sensación” de que este escenario se repetiría más o menos de igual manera en el ciclo estival, animó aquella expectativa.
Hacia fines del 2025 se comenzaron a conocer las tendencias climáticas para este verano, y ello puso en alerta la planificación de los sistemas de producción, principalmente, los agrícolas. Los anuncios de una Niña, por venir, aunque leve y de mediana a baja intensidad, generaron algunos cambios en las proporciones de los cultivos, en las escalas, en las fechas de siembra, en la selección de híbridos y variedades, y hasta en la compra de fertilizantes, pero casi todo, ante una cierta incredulidad respecto a lo que efectivamente ocurrió. Al cierre de la campaña 2025-26 se verá cuál ha sido el impacto de la restricción de las lluvias (y las altas temperaturas de fin de diciembre y enero) en las diferentes zonas de la región pampeana, principalmente, la zona núcleo, pero varios organismos públicos y privados ya advierten que lo habrá (p.e. BCR, 2026).

Claramente, se consideraba en noviembre del año pasado, que la Niña instalada en el último trimestre, menguaba sus efectos hacia marzo-abril-mayo 2026 (figura 1), a la vez que se iba incrementando la fase Neutral con un máximo, justamente en ese trimestre, casi, coincidiendo también, en el aumento de las probabilidades del ENSO (El Niño-Oscilación del Sur) (Official NOAA CPC ENSO Probabilities, 2025).
Este panorama probabilístico, efectivamente viene ocurriendo, y desde la visión productiva, ha generado impactos diversos, específicamente ligados a la pérdida de productividad, dado los efectos de la insinuante sequía en los dos cultivos que ocupan la mayor superficie de la región. Pero esta situación ocasiona otro problema, muy grave, y sin duda, “oculto” detrás de la merma de las precipitaciones. Y cuál es?, “nuevamente”: la peligrosa sensación de que no lloverá mucho en adelante, y con ello, relajarse ante la amenaza concreta de la erosión hídrica.
Es que cuando los veranos no son pródigos en precipitaciones, “el sector” asume que la erosión hídrica no tiene tanta incidencia en los suelos, y que se puede esperar para resolver los problemas que genera. Justamente, el razonamiento lógico y efectivo es estrictamente inverso, o sea, contra cíclico. Cuando la situación brinda una corta y engañosa calma respecto a la severidad de este proceso degradativo, es cuando hay que actuar con la mayor enjundia posible. Es imperioso que se comprenda que el deterioro continuará si no se aplican las medidas convenientes, perdiéndose incalculables toneladas de suelo, y miles de millones de pesos que afectan la rentabilidad y el equilibrio de las empresas rurales (figura 2).


La información provista por la figura 1 (y otras reputadas fuentes no mostradas aquí) indican con bastante claridad, que se esperarían lluvias crecientes para otoño invierno asociadas a El Niño, concurrentemente con la disminución de la fase Neutral y Niña. Ello supone, que en los sectores y sistemas productivos habrá erosión hídrica si no se realizan tareas de sistematización.
Se conoce, que además del reordenamiento del esquema productivo de un establecimiento basado principalmente en el diseño del plan de rotaciones, las labranzas, los cultivos de servicios y las otras prácticas agronómicas asociadas, es imprescindible la Sistematización para asegurar el éxito, la estabilidad y la mejora de la productividad de todo el sistema.
De acuerdo a la secuencia: relevamiento planialtimétrico de detalle > cálculos hidráulicos/hidrológicos > diseño de las estructuras de control > ejecución de las obras, surgirán las alternativas a implementar. Así entonces se podrán utilizar cultivos cortando la pendiente, en contorno y/o en fajas, terrazas de base ancha o de base angosta, canales de guardia, derivadores o colectores empastados, y otras obras menores de apoyo (figura 3).



Actualmente, hay sobrada experiencia en la implementación de estas técnicas de control de la erosión hídrica, suficiente capacidad profesional instalada para llevarlas adelante, y una gran cantidad de productores que han abordado satisfactoriamente este gravísimo problema y pueden dar testimonios de los resultados exitosos.
Cuando hoy se reconoce que hay severas y crecientes restricciones hídricas a partir de alarmantes informes elaborados por organizaciones de relevancia mundial (UNU-INWEH, 2026), y que el deterioro de los suelos es acuciante (FAO, 2025), en Argentina es condición indispensable saber dónde se ubican las regiones más afectadas por la erosión hídrica (FECIC, 2015), pero no es suficiente si la respuesta a semejante daño ambiental, económico y social, no se enfrenta mediante políticas públicas activas e integrales que mitiguen o controlen este deterioro.
Que la percepción de que la erosión hídrica se detendrá, impuesta por una ocasional sequía, sea cual fuere su intensidad en las distintas zonas pampeanas, no ralentice las acciones que deben realizarse de inmediato tras el cierre de esta campaña. Lo que está en juego sigue siendo tan valioso, que demorar las intervenciones, ya tiene un altísimo riesgo, y conduce a situaciones de las que es muy difícil salir, más retrotraer, mucho más, mejorar.
INFORMES:
Cátedra Manejo de Tierras
Facultad de Ciencias Agrarias UNR - Zavalla
manejodetierras
manejodetierrasunr@gmail.com
jose.berardi@unr.edu.ar
dileo@iicar-conicet.gob.ar
smontico@unr.edu.ar
